diumenge, 8 d’agost de 2010

A Mª Dolors: Dedicatoria de un asesino.

No le dio otra opción, le disparó a boca de jarro seis tiros, como aquel que se desprende de una bolsa de canicas. Dos de ellos le alcanzaron de pleno el rostro. Quedó tendido boca arriba, irreconocible, en mitad de un enorme charco de espesa y roja sangre que iba enegreciendo por momentos. Lo miró por última vez y le dijo con desprecio, te lo tenías merecido, y le tiró la Dremel sobre lo que hacía unos instantes había sido su rostro. Después, lentamente, se quitó los guantes y desapareció, adentrándose en la oscuridad de aquel estrecho callejón que daba a la 42 street de Manhathan.

Despertó sobresaltado. Miró a su alrededor buscando al hombre que había asesinado pero sólo vio que tenía la Dremel en su mano y esparcidos por la cama y el suelo tacos del 8 y tornillos. Rafel.