dilluns, 10 de gener de 2011


TODO ES POSIBLE EN PARÍS

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En la librería


Más que una visita, fue un encuentro con los grandes. Así se lo tomó, desde el primer momento en que puso el pie en aquella librería que nada tenía que ver con las muchas otras que él conocía. Los lectores deambulaban por los estrechos pasillos y las pequeñas salas, siempre repletas a rebosar de libros, caminaban con lentitud, allí el tiempo se había detenido. Dijo que, el tiempo real se quedó fuera en la calle. Las manos buscaban los libros. Los libros esperaban que los rescatasen. Las estanterías soportaban imperturbables su gran peso literario. Habían manos que encontraban su libro y ya no lo soltaban hasta la hora de pagar. Pero también podía surgir la música. La de un piano que esperaba. Esperaba paciente que alguien lo quisiese tocar. Y al poco, ese alguien llegó, puso sus dedos sobre el teclado y lo hizo sonar. Sonó una vieja pieza de jazz. Él sintió que era lo apropiado y se dijo convencido: ¡Sí, sí señor!
En una repisa cercana, un libro sobre Hitchcock, otro sobre Sondheim y un tercero sobre Pier Paolo Pasolini. A primera vista sonaba a mezcla extraña, pero pronto vio que no, que justo formaba parte de espíritu del lugar. Alargó la mano y cogió el de Stephen Sondheim. Quizá fue por influencia del piano, que no paraba de sonar. Y escogió la butaca más cercana, tomó asiento y se dispuso a dejar que pasara el tiempo, pero resultó imposible. Había olvidado que allí el tiempo se había detenido y solo existía música y literatura. Nada más y nada menos. Se dejó ir en la butaca y se dispuso a dejar que las notas lo invadieran. Cerró los ojos. Y comprobó que entre las notas discurrían, entremezclándose, textos. No sabía de dónde venían, no lograba precisar cuales eran, pero sí sabía que eran textos leídos, fragmentos de novelas que llevaban circulando por su mente desde hacía décadas. Cuando el piano dejó de sonar despertó de aquel ensueño y volvió a verse rodeado de libros y más libros. Por un momento había olvidado dónde se hallaba. Pero su conciencia regresó de inmediato a la realidad. Y mentalmente se dijo, en un tono de satisfacción, estoy en Shakespeare & Company. Prisionero del tiempo. Prisionero de libros. Prisionero, una vez más, de París.

4 comentaris:

malole ha dit...

M'agraden els teus relats de París, els llegeixo amb molt d'interés. La fotografía de avui és magnífica,tu estàs molt bé i l'estada té molt de "caliu". Si jo fós la Maria Dolors (que treu punta a tot) diría que seria més real si tinguessis el llibre obert. Però aixó no ho dic jo, que no sóc, ni de bon troç, tan "aguda" com la nostra amiga.

Rafel ha dit...

Tienes razón, aquí en realidad estoy entusiasmado con el libro de Stephen Sondheim que encontré y que decidí comprar.

maria dolors ha dit...

Ja he rebut! què hi farem.I això que estic tan calladeta.

Maria Teresa ha dit...

Guardarem aquesta fotogràfia pel primer dia que et donguin un nou premi literari, direm: el senyor ja prometia, sols cal mirar-lo com s'extasia davant una portada, quan entre a dins del text perd el cotrol del temps i de l'espai.