divendres, 13 de novembre de 2009

LA COLUMNA DE RAFAEL-V


Antes de concluir sus sesiones, a causa del
vacacional paro estival, la Filmoteca de Catalunya, dedicó
un ciclo, las últimas semanas, a Elia Kazan, entre otros.
Reunió lo mejor de su filmografía y organizó una mesa
redonda, entre críticos y público. Kazan, hombre prolífico
donde los haya (mejor hubo), tocó temas muy diferentes.
Aunque quizá, no tanto como pueda parecer a primera
vista. Siempre interesante, y en algunos casos, no exento
de polémica. Desde sus inicios la industria se volcó a su
talento. Tuvo siempre su público muy adicto, pero también
detractores, ganados a pulso, después de su, digamos para
ser suaves, desafortunada intervención en la tristemente
famosa “Caza de brujas”, la violenta purga llevada a cabo
por el senador McCarthy, entre la gente de Hollywood.
Kazan, plenamente convencido que a los comunistas se les
había de expulsar del país, no dudó en delatar a sus
compañeros y amigos, con tal de poder seguir trabajando.
Los nombres que dio engrosaron las listas negras de los
estudios. Por ello, la obra realizada por él, en aquellas
fechas, fue extensa. Los hubo que le dieron la espalda,
otros dejaron de ser sus amigos y se vio aislado por
muchos de sus compañeros. Hasta tal extremo que decidió
rodar una serie de films con los que justificar su
injustificable actuación. El principal ejemplo es “On the
waterfront” (La ley de silencio) de 1954, con Marlon Brando,
Karl Malden, Lee J. Cobb, Rod Steinger y Eve Marie Saint,
en su primer papel en la pantalla. Kazan hace una apología
de la delación, con la vida de unos estibadores del muelle
de New York, controlada por mafiosos. El protagonista los
delatará para lograr trabajo. Una visión tendenciosa para
lograr sus fines. No obstante nunca lo consiguió. Le
seguirían otros títulos como “El compromiso”, con un
magnífico Kirk Douglas. Terminó, escribiendo su propia
biografía.
En el 92 estuvo en nuestra ciudad, pude asistir a la
rueda de prensa que se dio en el Centro de Arte de Santa
Mónica. Alguien le preguntó por la época de la “Caza de
brujas”. Visiblemente molesto, le contestó que leyera su
libro, si quería realmente, enterarse de lo ocurrido.
El tema le persiguió toda su vida, hasta el momento
de su muerte.
Rafael Rodríguez-Bella

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