diumenge, 9 d’octubre de 2011


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ALEKSANDR NEVSKI

(1938)

He querido separar este comentario porque ahora quisiera hablar de la escena cumbre de la Batalla del Lago Chund que se desarrolló sobre la superficie helada de sus aguas.

Se rodó (y es fue una sorpresa para mi, saberlo cuando me dediqué a recopilar información sobre Einsenstein y sus films), sí se rodó en pleno verano y no sobre hielo, sino en tierra firme, la impresionante sensación invernal en medio del clima dramático, fue conseguida por mil trucos in situ, utilizando después una serie de insertos, en la sala de montaje. Esta secuencia que consta en los anales de la cinematografía, comparable a la famosa bajada de las escaleras de Odesa de “El acorazado Potemkin”, dura 37 minutos o sea algo más de la tercera parte del film. Según los críticos Henri Agel y Paolo Gobetti, la sitúan con la misma ambición de los dramas políticos de Shakespeare y la consideran una obra fundamental en el desarrollo del arte cinematográfico, por su integración de imágenes, palabras y música. A esta aseveración Carlos Fernández Cuenca, añadía la integración de los actores, encabezados por el magistral Nikolai Cherkasov. Por su lado Jean Mitry consideró que el esquema de fusión de sonido e imagen abría un nuevo camino al cine. Y aquí entra en juego la grandiosa partitura de Sergei Prokofiev que da significación exacta de las escenas del film. Henry Colpi explicó en su libro “Défense et illustration de la musique dans le film” (1963), el valor cinematográfico de esta bellísima pieza de concierto, señalando según él, que se trata de una partitura que sirviendo rigurosamente a un concepto visual, puede mantener vida propia. Sin ser música ilustrativa ni onomatopéyica ni descriptiva sino interpretación de un compositor sensible, en estado de gracia, al igual que lo estuvo Einsenstein.

El genio cinematográfico del director ruso firmó junto a Pudovkin y Aleksandrov un Manifiesto en 1928 sobre el contrapunto imagen-sonido y los problemas de la banda sonora. Todo lo allí expuesto quedaba demostrado en “Aleksandr Nevski” solo que además se enriquecía con nuevas líneas, atrevidísimas e innovadoras. El film tiene un sentido arquitectónico de rara armonía (no hay que olvidar que S.M. Einsenstein era hijo de un arquitecto y que iba a seguir la carrera de su padre) rebasando la monumentalidad de los decorados, los encuadres y los contrastes de los blancos y negros. Aquí de nuevo Jean Mitry hizo un certero análisis: “La violencia agresiva representada por los agudos ángulos y los triángulos inclinados; la decisión defensiva por medio de cuadrados, de círculos y semicírculos; el espíritu de autoridad que conduce a la victoria reflejado en las líneas verticales, los planos elevados, los triángulos equiláteros o curvilíneos”. Además, para acentuar la tensión se rodó a la velocidad de 8, de 10 y de 12 imágenes por segundo, en lugar de las 24 usuales en el cine sonoro.

Termino aquí, con una frase que se ha repetido en diversos estudios sobre el film: “Es una obra portentosa, un vasto fresco, quizás el primer film polifónico de la historia del cine”.

Sería interesante revisar de nuevo esta película, teniendo frescas en mente, todas esas notas, de todos esos críticos.

Rafael Rodríguez-Bella

3 comentaris:

Maria Teresa ha dit...

Magnífic,Rafel, faig un comentari més ample a sobre del teu escrit.

marisa ha dit...

Extraordinari!!

Maria Dolors Giral ha dit...

Els teus escrits no els puc assimilar així com així, només llegint-los. Me'ls he d'imprimir i llegir-los amb calma. Encara guanyen més. Són fantàstics.