dimarts, 22 de maig de 2012

RELATO


3


3. Con la carpeta bajo el brazo salió de casa. Podía distraer su mirada sin prisas, tenía suficiente tiempo para llegar a la hora convenida. Por una vez no tenía que ir corriendo. De manera que prefirió cruzar aquel barrio de casas pequeñas, con ventanas al alcance de la mano o de la vista, como quien dice y poder, con un poco de suerte, observar en ellas que sucedía en su interior. Fue entonces cuando se dio cuenta que se había convertido en un voyeur empedernido. Un mirón, un merodeador obseso. Aquel trabajo que llevaba bajo el brazo lo había convertido en eso. Nunca le importó que podía suceder en el interior de una ventana. Nunca se detuvo ante una cualquiera para observar, para escudriñar en ella, pero aquel trabajo lo transformó de tal manera que ya le resultaba inevitable mirar y arriesgarse a ser descubierto.
CONTINUARÁ…

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