dijous, 19 de desembre de 2013

NOLAN

8. La noticia de la tele

Llevaba escrito, como aquel que dice, gran parte de lo que venía a ser la introducción de mi nueva novela y ya me hallaba atascado. No obstante cría haber acertado con aquel inicio, pero hasta dónde. Cogí el pliego de cuartillas y se lo pasé a mi secretaria.
—Mónica, ¿puedes echarle un vistazo? Me gustaría saber tu opinión.
Me miró sorprendida.
—¿Mi opinión jefe?
—Sí mujer, ¿por qué no? Tienes más criterio que muchos de mis lectores.
—No, si no es eso.
—¿Entonces?
—No me lo habías pedido nunca.
—Bien, pues ahora te lo pido. Tómatelo si lo prefieres como un trabajo más, para esta mañana.
—Esta bien. El señor será servido.
—Sin cachondeo por favor. Para mi es importante. Te dejo sola, salgo a pasear un rato, necesito estirar las piernas y no quiero ponerte nerviosa.
Salí a caminar, sin rumbo fijo. Sonreí pensando en la cara que puso Mónica. Entré en el bar de la esquina a tomarme un café.
—¿Uno solo, como siempre jefe?
—Sí Ramón.
Tenían la televisión puesta, estaban dando noticias. Removí el azúcar e hice un primer sorbo, mientras levantaba la vista hacia la pantalla. “Ha sido descubierta una imprenta que falsificaba periódicos, se desconoce en estos momentos quién hay detrás de ello y para qué servían las falsificaciones”.
Terminé de un sorbo el café.
—¿Has oído esto Ramón?
—Si señor, es la segunda vez que dan la noticia. De buena mañana la escuché por radio mientras venía al trabajo.
—Resulta extraño ¿no?
—Qué quiere que le diga, tan extraña como cualquiera de las noticias que se oyen hoy en día. Seguro que los periódicos, en paquetes, escondían dinero para blanquear o documentos robados a políticos. Vaya usted a saber.
—Si, claro. Bueno, hasta luego.