dijous, 12 de desembre de 2013

5. Doble identidad


Dejé a Nolan en su casa y eché a caminar bajo los tilos que perfumaban toda la avenida en donde vive. Lugar privilegiado dónde los haya. Algo que siempre he envidiado. Y entre aquella fragancia de aquel barrio señorial, fueron tomando forma diversas ideas en mi cabeza. La más insistente fue la de la doble identidad. Como escritor, siempre me ha atraído esa idea. Pero en el caso de Nolan no resultaba lo más adecuado. Es más, era imposible pensar que Nolan tuviese una doble identidad. No era propio de un hombre como él. De serlo le resultaría ciertamente negativo para su profesión. Pero la idea de coexistir con un doble tenía cierto morbo. ¿Cómo sería ese doble, en caso de que existiese realmente? Fui apartando, una a una, todas las ideas, hasta quedarme únicamente con la de ese extraño doble. Extraño porque hasta ese momento, nadie sabía quién era ni cómo era. Pero conforme me adentraba en el tema, en mi cabeza se hacía más fuerte la idea de que bien podría ser real esa doble identidad. Una idea sustentada por el hecho de que Nolan se apresuró a darme la noticia. Cómo la había recibido, eso no lo dijo. En realidad era yo quién iba a notificárselo. Fui yo quien recibió la misiva, puesto que fui yo quien escribió el artículo. Me estaba resultando todo muy extraño, pero ¿empezaba a dudar de mi amigo? ¿Por qué? Él nunca me dio motivos como para dudar de su persona. Será que su oficio corrompe, llegué a pensar. Pero, ¿qué estaba diciendo? ¿Desde cuando me permito dudar así de mi amigo? Estaré perdiendo la cabeza. Aunque bien mirado no sería el primero en crearse una doble identidad. No, no, no es posible. Nolan no. Pero, ¿Y si fuera verdad?