dilluns, 4 d’octubre de 2010

Ramper

Mis tertulias con los amigos.


8. En el Taller de Marionetas.



El Taller de Marionetas de Pepe Otal fue la excusa para nuestro encuentro, a pocos pasos de Arts Santa Mónica, donde el marionetista cultivaba con maestría el teatrillo de bolsillo y los muñecos manejados con hilos, cuyo legado sigue vivo gracias a la fidelidad y amor a la profesión de un grupo de alumnos y colaboradores suyos. Pepe Otal estuvo vinculado al teatro Malic, desde su fundación en 1984, su vena literaria hizo que montase obras para el público adulto. Y allí siguen, colgando de los hilos o sentados en los estantes, los personajes de Don Juan, del que hizo una representación en la sala de disección de la Facultad de Medicina, frente a un público entregado. El cuerpo de Don Juan, de tamaño natural, tendido sobre la mesa de disección, al que le fue practicando la autopsia y del que iban apareciendo los personajes, conforme abría su vientre o su pecho. También vimos sus copias en pequeño de los grandes payasos tristes que circularon por los circos del mundo entero, como Ramper, quizá el más triste de los payasos tristes. Allí estaba, junto a un esqueleto que apoyaba su cabeza sobre el hombro de una monja que daba la espalda a un soldado que se abrazaba a una bailarina. Penden del techo y están frente a un extraño grupo vestido de gris y negro, pintados de gris oscuro, parecen salidos de una obra de Tadeus Kantor, están absortos con la trapecista que pende de su trapecio dispuesta a cruzar la estancia con su vuelo. Son los personajes creados por Pepe Otal. En una columna, un cartel, muestra la especialidad única de los polichinelas catalanes que se les introduce los tres dedos en la cabeza. Hay magia en aquel local, todo un mundo muy personal, donde se sierra, se pinta, se construye, se proyecta todo tipo de muñecos de hilos y escenarios para representaciones. Carlos, con su amable acento vasco, nos explicó todo esto y mucho más y como sigue en pie el taller. Un taller que hace honor a la tradición catalana y barcelonesa de las marionetas, y que en estos momentos es superior a las de los países del Este, hoy un tanto devaluados.
El local que ocupan fue el primer bar de camareras que tuvo nuestra ciudad en 1914, llamado La Viejecita. En la década de los 30 fue un burdel y en la posguerra tenía sobre él el “meublé” Habitaciones Madame. Pero cuando Pepe Otal se hizo cargo del local, estaba en ruinas.
Pepe Otal murió de un infarto en 2007, casi en el escenario, después de una representación, en un pueblecito alejado, en la isla de Cerdeña. En la habitación del altillo había un ataúd, Pepe decía que se lo llevaría el primero que se muriese. El primero fue él, pero al morir tan lejos no pudo llevárselo y el ataúd sigue ahí. Sólo hay que llegar al Taller y dejarse llevar por la conversación que se genera y lo que allí se nos muestra. Prometimos volver y disfrutar de una representación de las que hacen para los amigos una vez al mes.
Barcelona 25 de agosto de 2010 a las 6,30 de la tarde.