divendres, 4 d’octubre de 2013

detectivesco

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Encontré a Nolan en una representación
de Miss Saigón

Me resulta imposible no dejar nota de mi casual encuentro con mi viejo amigo Nolan. Fue durante mi última incursión en el Londres de los musicales, la tarde del pasado sábado. Tenía cita en el Royal Drury Lane, estaban representado una reposición de “Miss Saigon”, había sacado entradas para la sesión de las 19,30, esta vez no era una producción de Cameron Mckintosh, como lo fue la anterior que yo vi en 1989, pero me atraía volver a escuchar la partitura de Claude-Michel Schönberg, pero me inquietó la presencia de Nolan en el teatro. Nos saludamos efusivamente. ¡Cuánto tiempo amigo mío! Si, era cierto, habían pasado unos cuantos años desde la última vez que nos vimos.
—Por cierto, ¿descubriste el autor o autora del crimen de aquella mujer que apareció muerta, tras mucho tiempo, en su apartamento junto a la bolsa de la compra?
—Por descontado amigo, ¿acaso dudabas de mi empeño en conseguirlo?
No había cambiado, seguía igual. Todo un ejemplar de soberbia, en cuanto se le tocaba el tema profesional. Seguimos hablando un buen rato mientras nos dirigíamos a nuestros asientos en platea. Yo intentaba llevar la conversación hacia la posibilidad de que me explicase qué hacía él en el teatro.
—¿Te has aficionado a los musicales? O ¿Ya lo eras? Aunque, a decir verdad, no recuerdo que fuese esa tu afición en aquellos tiempos ¿O me equivoco?
—Sabes perfectamente que no te equivocas y estás impaciente por saber qué hago yo aquí en la platea del Drury Lane, ¿no es cierto?
—Pues sí— nunca he sido un lince en cuanto a diplomacia se refiere.
—¿Conoces la obra me imagino?
—Por supuesto.
—Y ¿no creerás que he venido para comprobar, hasta que punto es un plagio de la Madama Butterfly de Puccini?
—Me imagino, tampoco eres un aficionado a la ópera.
—Exacto.
—¿Entonces?
—Vengo por lo del helicóptero.
—¿Estás investigando la caída del helicóptero ese?
—Exacto.
—Ahora se entiende.
—El ¿qué?
—El hecho que estés tu aquí.
—¿Más tranquilo?
—Tampoco es que estuviese intranquilo, pero sí intrigado. No me cuadraba tu presencia en el Drury Lane.
—Pues aquí estoy. Ahora entre nosotros: ¿Vale la pena ver la obra?
—Ya me extrañaba a mi que te interesaras por un musical. ¿Acaso no sabes que se trata de los mismos autores de “Los Miserables?
—Pues no, no lo sabía.
—Bueno, bueno, buen, será mejor que me explique eso del helicóptero.
—El mes pasado tuvieron que parar las representaciones ¿no te enteraste?
—Sí, es cierto. Dijeron que hubieron problemas con el helicóptero. Lo recuerdo.
—Bien, pues es ahí cuando entro yo en escena. No está claro que fuese un problema de la elevación del aparato. En realidad cayó y resultaron heridas dos personas. Una fue la protagonista, aunque fue leve. Interrogué a la compañía y fue Johnathan Pryce quién soltó una posible pista.
—Contigo, todo son sorpresas.
—Por lo visto nadie sabía que la muchacha era asediada por un ex amante. Un tramoyista con el que tuvo un affair esporádico. El único que se enteró fue Pryce, pero no dijo nada. Me contó que la pareja tuvo una fuerte discusión aquella mañana y sospechaba que el accidente podría tener relación, podría ser una venganza. Hoy hace un mes de aquello, la pareja no se habla, ella lo esquiva, todo lo que puede. Esta mañana él la intentó retener cogiéndola del brazo y ella se desprendió de él y echó a correr. Y hasta aquí. Bueno ahora te dejo, espero y deseo que puedas disfrutar del espectáculo. Yo voy a colocarme entre bastidores.
Gracias a mi amigo Nolan, la representación se convirtió en un musical de suspense. De haber vivido Hitchcock lo habría llevado al cine. El asunto era preocupante. En realidad, “Miss Saigon” era una versión moderna de la ópera de Puccini, eso era sabido de todos y la obra termina muriendo Batterflay. El amor y la desesperación final de la geisha que es abandonada por el oficial americano, padre del niño de ella, que pretende llevarse a su país. En el musical no pasaba en Japón, sucede en Saigón y la geisha es una prostituta vietnamita. El oficial es un marine americano que se repatriado con las tropas, abandonando Vietnam. Ella se quedará. El pueblo vietnamita tratará se huir, subiendo en los helicópteros. Esa escena iba a ser clave. De pronto para mi, toda mi atención se centraría en esa escena, ya de por sí espectacular. El teatro a llenarse de un ensordecedor ruido de helicópteros, un aparato entre la niebla batía sus hélices. Los focos en la noche lo envolvían todo. La música luchaba por hacerse paso entre el griterío de vietnamitas y marines. El aparato se alzó de nuevo como otras noches. La muchacha quedaba en el suelo junto a su hijo. ¡Y volvió a suceder! El helicóptero se precipitó sobre el escenario, entre los gritos del público. Me levanté del asiento, como si un resorte me hubiese expulsado de él. El telón de seguridad bajó rápido. El personal del teatro pedía al público abandonara la sala. Todo era confusión. Me lancé hacia la puerta que da entrada al escenario. Evidentemente me cortaron el paso. Pero dije sin pensármelo dos veces: “Soy el ayudante de Nolan”. Eso me abrió la puerta de inmediato. Entré decidido, apartando al personal que se cruzaba nerviosamente ante mi.
—¿Dónde estáNolan?
—¡Al fondo! —dijo alguien.
Allí estaba, arrodillado junto al cuerpo de Miss Saigón.
A pesar de la vigilancia, alguien había logrado provocar el accidente.
—Nolan, ha llegado su ayudante —le dijeron.
Nolan levantó su rostro extrañado y cuando me vio dijo:
—Esta vez lo ha conseguido.
—¿Lo habéis cogido?
—Se ha esfumado, pero no tardará en caer en nuestras manos. Todo Scotland Yard, está buscándolo.
Johnathan Pryce se hallaba consternado junto a la muchacha, retenía su mano entre las suyas.
—De nuevo el destino de Butterflay, —repetía.
—Se equivoca —dijo Nolan— esta vez ha muerto Miss Saigón.
—Quienes piensen que aquí se acaban las representaciones se equivocan. El espectáculo ¡must go on! Se lo debemos a nuestra compañera —fueron palabras del director de escena, conteniendo la indignación.
Me despedí de Nolan dos días después, ya habían detenido al asesino. Regresé a Barcelona, con mal sabor de boca, esta vez. Pero Nolan me dijo antes de embarcar: Nos veremos el día del estreno, Miss Saigón se alzará de nuevo, ya oíste. Esas palabras resonaban en mi cabeza, mientras veía como Londres se alejaba a mis pies.


Rafael Rodríguez-Bella


 “MISS SAIGON”
Se estrenó en el Theatre Royal Drury Lane el 00 de diciembre de 1989 y bajó el telón en 1999, con más de 4.000 representaciones.
Ahora regresará a los escenarios el próximo 3 de mayo de 2014 en el Prince Edward Theatre, con una nueva producción de Cameron Mackintosh.

 


2 comentaris:

marisa ha dit...

Com m'ha agradat trobar-te aquí i quants records llunyans però encara molt presents. Una abraçada.

Maria Dolors Giral ha dit...

Sigui quina sigui la pulsió d'explicar-nos aquesta història, estic encantada de saber de l'amic Nolan després de tant temps. Ara que he estat tantes vegades a l'aeroport en els últims dies he pogut comprovar que ja no queda rastre dels nostres altres no-nats personatges. Per això em fa molta il·lusió aquesta resurrecció inesperada.