dijous, 21 de març de 2013


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Una bofetada al doctor Goebbels


         En 1938, l siguiente año de su estreno en EEUU, la compañía de Disney iniciaba tratos con Alemania para la distribución del film de Blancanieves, pero la situación económica y política por aquel entonces empezaba a cambiar y los americanos se vieron obligados a ser cada vez más exigentes en sus transacciones comerciales. En este clima, comenzaron los complicados tratos con Bavaria Films y la Ufa, para la distribución del film. Coincidió además, el estreno de “Blancanieves y los siete enanitos” en el Festival de Venecia, antesala de su estreno en Europa. Al Festival asistieron los críticos de cine alemanes alineados con el régimen nazi. La proyección les indignó. No vieron con buenos ojos que a la malvada reina se le pusiese el rostro de su venerada Uta. Y se la llamase Grimhilde, nombre de resonancia wagneriana. Cuestión ésta de la que ya estaba al corriente Goebbels. Y al ser premiado el film en Venecia indignó más aún a los representantes alemanes. Los nazis argumentaron que la información que había recibido Disney, sobre la reina Uta, fue hecha por algún traidor a la patria o por algún desaprensivo y rencoroso judío.
         El film no se pudo estrenar durante la implantación del régimen nazi. Finalmente se estrenó en Alemania Federal, en 1951, seis años después de terminada la guerra.
         Ese ha sido mi descubrimiento, hecho en un pequeño libro, “La verdadera historia de la Reina de Blancanieves. (De la Selva Turingia a Hollywood)”, traducido por Remedios Ávila y Pietro Pimpinella y editado por la Universidad de Granada (España) y que rastreando por internet localicé en la Librería Cálamo de Zaragoza, que diligentemente y previo pago, me lo envió en dos días a mi domicilio. Libro que ha ampliado mis conocimientos adquiridos sobre el dibujo de Disney, cuya primera la noticia recibí en aquella exposición del Gran Palais de París.


Catálogo de la exposición del Gran Palais de París.