dimecres, 7 de juliol de 2010

WAR REQUIEM

Esta vez me corresponde a mi escribir la reseña de un gran acontecimiento musical, presentado en el Liceu. Se trata de la partitura de Benjamín Britten “War Requiem”. Ha sucedido, que al igual que le ocurrió a Mª Teresa, yo también tengo una amistad muy querida por mi (y ahora aún más), que sabiendo que me gusta la obra de Britten, me regaló inesperadamente, una localidad y así poder acompañar a Susi (ella tiene abono), la noche del martes. Decir de entrada y para que quede bien claro que fue una sesión memorable, un más que digno colofón, hacia el final de temporada.
Ya he dicho que me gusta Britten. Me gusta y me interesa. Es uno de los músicos clave del s XX. En el Liceu, en diversas temporadas pasadas, y recientes, pude disfrutar de su primera ópera, “Peter Grimes” (1945), un excelente montaje dirigido por Lluís Pascual, y más recientemente “Muerte en Venecia” (1973) Magnífica estéticamente hablando.
Y ahora, este “War Requiem” (1962), un impresionante réquiem con momentos verdaderamente apasionantes, por su fuerza musical y por el texto debido al poeta Wilfred Owen (1893-1918), incrustado en la liturgia fúnebre. Es una obra que se centra en la guerra. En todas las guerras del s XX. La Primera Guerra Mundial (en la que Owen se vio obligado a participar como soldado de infantería. Poeta pacifista. Y que murió precisamente en ella, una semana antes de firmar el armisticio. Sus textos, utilizados por Britten, los escribió en las trincheras y los terminó en el hospital, poco antes de morir). La II Guerra Mundial que provocó en 1940 el bombardeo alemán sobre Coventry, cuya catedral resultó arrasada, son lo que motivó a Britten a escribir su partitura. Restaurada la catedral en 1962, fecha del estreno de “War Requiem”. Para este evento Britten escogió al tenor inglés Peter Pears, compañero del compositor, a un barítono alemán Fisher-Dieskau, y una soprano rusa galiana Vishnesvskaya, para simbolizar le reconciliación. Tres países implicados en la guerra, y de diferente bando. Pero no pudo ser, se estaba librando la Guerra Fría y Rusia impidió que la soprano saliese del país, y tuvo que ser substituida por Heather Harper.
Shostakovich, el compositor ruso, admiró desde el inicio esta obra de Britten, tanto es así que compró la partitura y se dedicó a analizarla en sus clase de música. Por cierto que su composición: “Sinfonía núm. 14”, es evidente que planea el ejemplo de Britten.
Esto en cuanto a los datos históricos de la obra. Pasemos ahora a la representación que tuve el inmenso placer de ver y sobre todo de escuchar.
Este “War Requiem”, se divide en tres niveles musicales:
Por un lado está la soprano y el coro mixto, con la gran orquesta que interpretan el “réquiem” (los textos de la misa para difuntos latina), representan al pueblo y lo mundano.
Por otro lado está el coro infantil con órgano, que representa el cielo (además están situados en la parte más alta del escenario), su sonido, su musicalidad es …angelical.
Y por último, la orquesta de cámara, con el barítono y el tenor. Los dos cantan en inglés, los nueve poemas de Owen, que pueden interpretarse como un diálogo entre un soldado inglés y un alemán.
En cuanto a la música, es muy expresiva y en varios momentos tremendamente dramática. Lírica y, como no, de atonalidad muy compleja. Quizá sea por eso que me gusta tanto Britten. Es música contemporánea. Eso hace que para muchos les resulte difícil de escuchar. Pero sobretodo es enormemente apasionada. Como cuando el coro femenino entona: “Señor, concédeles el reposo eterno”. Incluso poético: “Y cada atardecer será como cerrar el ventanal lentamente”. Apoteósico: “Al grito de libérame ¡oh Señor! De la muerte eterna”.
Francamente estremecedor. Por la perfección que llevaron a cabo, dada la difícil complejidad, la actuación de orquesta, coros y cantantes, que nos dejaron impresionados, puesto que nunca hasta ahora habían llegado a ese grado de perfección. ¡Muy bien la soprano Anja Kampe! Excelentes Ian Bostridge, tenor y Meter Mattel, barítono. El Coro de Cámara del Palau de la Música Catalana, el Coro del Gran Teatro del Liceu y la Escolanía de Montserrat. Todos muy bien conducidos por Michael Poder. ¡Una inolvidable noche! Que pude disfrutar, gracias a esta amistad que pensó en mi, para que no me la perdiera y además acompañado de mi mujer. Le estaré siempre muy agradecido. Rafael. 6 de julio de 2010.

2 comentaris:

marisa ha dit...

Jolines, otro compañero con "nivelazo musical". L@s que somos neófitos en la materia sólo podemos decir: OOOOHHHH!. Gràcies per la crónica. Ara només faltaria que la Malole vencés la mandra i ens fes la ressenya de l'actuació de Serrat al Grec que va anar a veure ahir.

Mª Teresa ha dit...

Si la música de Britten és apassionant i vibrant, la teva crònica no es queda curta. Una bona nit de música deixa els sentits plens d'emocions, això és el que transpuen les teves lletres.