diumenge, 13 d’abril de 2014


Respuesta a Marçal

Paso a contestarte Marçal, lo hago aquí puesto que no me permite hacer como comentario por ser muy largo que excede lo permitido.
Vaya por delante mi felicitación por el artículo y de paso agradecerte que lo hayas puesto en nuestro blog.
Cuanta razón llevas. Hemos entrado en otra era, la era que podemos conectarnos, comunicarnos, los unos con los otros, como bien dices. Como lo han logrado todos estos comunicadores, inventores, creadores, llámeseles como se les quiera llamar. Sí, y gracias  ellos puedo, podemos, estar conectados con el mundo. Pero ¡oh!, paradoja, resulta que gracias a todos estos inventos, cada vez el ser humano está más aislado. Solo. El individuo se ha tornado individualista o sea, que es, si me lo permites, un “indi-no dual-y si dividualista”. Él solo frente al mundo, frente a estos aparatos que le permiten ignorar quién tiene delante o a su lado. Solo hay que entrar en el metro o en un autobús y compruebas que todo el mundo está conectado a: un móvil, una tableta, un mini ordenador, jugando, leyendo, escuchando, hablando. Dicho de otro modo: hemos dejado de vivir la vida o lo que es peor, la vivimos a través de una pantalla: la que tenemos en el andén del metro, en el autobús, el tren, el avión, la tele de casa, el ordenador en el trabajo, la que vemos en la consulta del médico, en el GPS, ¿te das cuenta? La pantalla se ha hecho imprescindible, omnipresente.
No, no se ha quedado atrás “1984” de George Orwell, el gran hermano está aquí entre nosotros. Gracias al móvil, pueden rastrear tu recorrido por la ciudad, día a día. Gracias a la Visa, pueden seguir en que autopista circulas y con tus compras o comidas en restaurantes, pueden saber cuál es tu poder adquisitivo y en que país lo estás dilapidando. Gracias a todos esto inventos, a esa “Nueva era” , se ha logrado esclavizar al ser humano (eso la publicidad no lo dice), sin necesidad de guerras ni colonizaciones. Esa es la otra cara de la moneda (que ya sé que me debatirás), Porque en todo existe la otra cara. Y hace falta recordarlo, para evitar fáciles triunfalismos, a los que tan dado siempre a estado la publicidad que tristemente se las da de comunicadora.
“Cruzamos todos con todos, dices, en la plaza del pueblo”, no hay que negar que la frase es bonita y respira humanidad. Pero eso no es así. He visto yo mismo cómo cuatro chiquillos se “comunicaban entre si” , ya sé que me dirás que es un juego, evidente era un juego, pero por ahí se empieza. Ha eso hemos llegado, ¿a enseñarles con juegos, que solo con el móvil pueden hablarse? Lo humano es hablar con quién tienes delante, sin más aparta que la palabra, el oído y la inteligencia. Eso es lo humano. Y por eso, me horrorizo tener que leer noticias en las que los empleados de France Telecom se suicidan por la presión a la que son sometido, a toda hora, mediante las nuevas tecnologías, hasta el extremo que en Francia esta semana, se ha votado una ley que durante un mínimo de once horas los empleados deben estar desconectado de su despacho. Y es que las nuevas tecnologías o mejor dicho el uso que se hace de ellas, causa daños tanto físico como psíquicos y esto antes no existía. Aunque sí se llegaba solo a vivir para trabajar. Algo que nunca concebí. Vivir es lo primero, después viene el trabajo.
Pero dicho esto, no quiero que parezca que estoy en contra de los nuevos avances tecnológicos. No lo estoy, ni mucho menos. De hecho ahora mismo me estoy sirviendo de uno y lo hago extensamente, porque tu artículo me ha gustado, demuestra que estás bien informado de todo lo que se cuece. Un artículo, déjame que te lo diga amigablemente, es muy extenso también,  y me ha hecho gracia, porque no sé si recordarás que una vez me dijiste que mis textos eran demasiado largos y que eso en Internet no funciona. Pues ya ves ha funcionado. Todo depende de la calidad del texto. Informar siempre funciona. Lo que ocurre, es que por desgracia el personal se lo ha tomado de forma nada seria o si se quiere hueca. Y la mayor parte de textos que te encuentras son verdaderas estupideces, por llamarlo de alguna forma suave. Una verdadera lástima. Y otra cosa si me lo permites, dices, ya no recuerdo si tú o McLujan que un blog sirve para conectarse con otras gentes, será en otras latitudes, porque lo que es aquí o lo que es en nuestro blog, pues va a ser que no. Un abrazo, y por descontado the world must go on!!

3 comentaris:

marisa ha dit...

¡cuánta razón llevas amigo! Lo cortés no quita lo valiente y los dos artículos me han gustado e interesado por igual. A mi me gusta estar en un término medio. Nunca sustituiré una conversación personal por una virtual.

Maria Dolors Giral ha dit...

E pur si muove. Però caldria afegir alguna cosa més.

Marçal ha dit...

Gràcies a tots per llegir i comentar el article que he publicat en el blog. (Té raó el Rafael: es un text que considero massa, massissim, llarg per internet, però la Malole em va dir que li agradaria que el compartís amb vosaltres i veig que tenia raó)
Estic totalment d’acord amb el que diu el Rafael. Hi ha matisos: no ensenyem als nens a fer servir els nous mitjans de comunicació: son ells que ens ensenyen a nosaltres. Per aixó s’ha popularitzat el dir que els nens i nenes son “natius”. Natius de una Nova Era de la humanitat que, espontàniament, fan servir les possibilitats de comunicació col·lectiva que han sortit i que seguiran sortint...
La pèrdua de intimitat es una altre observació real del Rafael: estem a la Plaça del poble i ens agrada veure passar els veïns, saludar a alguns, mirar què s’han posat avui per vestir, a quina porta entren, quina cara fan... Però no hi ha dubte de que en la Plaça del Poble els veïns també ens veuen a nosaltres, i veuen quina cara fem, a on anem i què comprem!
Es una Nova Era de la humanitat, que penso que no ens aïlla, sinó que multiplica (a casa, en el metro, pel carrer, en el smartphone o el PC) la nostre relació, comunicació i amistat. Però hem d’aprendre. La Nova Era, com tot, necessita que cada ú trobi què fer-ne, i faci coses, bones o dolentes, com han estat els nostres actes des de la prehistòria.

Marçal