dilluns, 3 de juny de 2013


Barcelona un gran cementerio


Barcelona se está convirtiendo en un gran cementerio de la cultura. El turismo llena nuestras calles con su vulgaridad y parece que ha venido para convertirse en parte activa del séquito de ese entierro definitivo que está a punto de producirse.
Los síntomas de la grave enfermedad que la ciudad padece se han ido mostrando paulatinamente, de un tiempo a esta parte.
El principal foco de infección se halla ubicado en el seno del actual Gobierno, regentado por el PP y capitaneado por el ministro de cultura, Wert, que aprovechan descaradamente la crisis económica que nos afecta, para hacer limpieza ideológica. Van inoculando, tumor tras tumor, extendiendo la enfermedad a todas las ramas de la cultura. Universidades y escuelas son bombardeadas en su línea de flotación, con un claro objetivo: que el acceso a las clases sea selectivo. Favorable a los más pudientes.
El malestar está asegurado. Las calles empiezan a llenarse de descontentos. Los parados son muchos, demasiados. La policía está preparada para actuar cuando aparezcan las consignas contra el gobierno.
Y mientras, las empresas dedicadas al bien cultural, al igual que las demás, van reduciendo sus plantillas y desapareciendo.
Los cines cierran sus puertas, por falta de público asistente, con el remate final de la subida del IVA al 21%. En poco tiempo han desaparecido el Cine Rex, el Urgel, las multisalas Renoir Les Corts, y se está hablando de las Renoir Floridablanca. El Coliseum, el Tívoli y el Club Capitol se han readaptado, en un intento desesperado, al teatro. El Alexandra a reducido a la mitad sus pantallas para programar monólogos cómicos en vivo. El Maldá ofrece todas sus películas de proyección diaria, al precio de una sola entrada. Las grandes cadenas Cinesa y Balañá emiten ópera, futbol y otros eventos, para compensar al cine. Cinesa, los miércoles, programa los grandes films míticos de antaño, en versión original subtitulada, a 5 euros. El 3D no ha logrado el tirón que la industria esperaba, debido principalmente a su elevado precio. Con una sola excepción: la reapertura del cine Boliche, con todas las proyecciones en versión original, subtituladas en catalán, salvo las de habla hispana.
El Teatre Nacional de Catalunya reduce sus salas y funciones, al igual que el Liceu. Y así, a marchas forzadas se está muriendo la ciudad. En Barcelona no existen grandes exposiciones de pintura o escultura, eso solo puede verse en el Reina Sofía, en El Prado o en la Fundación Thyssen de Madrid.
Y mientras, las calles de nuestra ciudad se llenan de turistas de dudoso pelaje. Turismo masivo que arrasa y se mezcla con los emigrantes de todas las razas. Barcelona es marca de éxito, dicen. Barcelona va muriendo de éxito decimos. Y esas masas, van viniendo, para asistir a su entierro. Barcelona se está convirtiendo en un gran cementerio cultural, gracias a la vulgaridad de los gobiernos.


Rafael Rodríguez-Bella       Junio 2013

1 comentari:

Maria Dolors Giral ha dit...

Se m'en va el cap llegint alhora el que ja sé i m'agafa basca. No entenc que no es pugui fer res. És que estem tots embrutits i estupiditzats? No n'hi ha prou amb dir-ho. És la vella màximas llatinas : Facta, non verba. O sigui traduit Fets i no paraules. Som-hi?