diumenge, 18 de setembre de 2011

PRINCIPIO DE CURSO

Este mes de septiembre, como todos los septiembres de todos lo años, dan comienzo los cursos académicos. De nuevo cada cual, ocupa su sitio en el pupitre, la mesa o aula. Escuelas y universidades se llenan. Y vuelta a empezar o mejor dicho a continuar. Digo esto porque este año será la primera vez, en muchos años, que no me hallaré presente en ninguna clase, no conviviré con compañeros ni estaré bajo la atenta dedicación de un profesor. Sé que lo encontraré a faltar. Ya me está sucediendo, y no ha hecho ni una semana que han empezado la nueva etapa escolar. Será un año duro, lo sé. Un curso encerrado conmigo mismo y mi novela que, finalmente tengo que terminar, cueste lo que cueste. Una novela que fui aplazando hasta hallarme en condiciones de poderla abordar. Quiero decir, con suficiente bagaje cultural y conocimiento de cómo debe escribir uno a nivel profesional, y decidí acabar de formarme, tras muchos cursos, unos mejores que otros, en la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonés. ¡Ese fue mi error! Evidentemente aprendí cosas, que duda cabe, siempre se aprenden, nunca se acaba el aprendizaje, pero…el ritmo de aquella escuela dominado por el afán recaudatorio, llenando las clases con doce alumnos cada una, hacía imposible llevar a buen ritmo los proyectos, consiguiendo que muchos alumnos acabasen aburriendo el suyo. Este fue mi caso. Hasta tal punto que no he podido reemprenderlo desde que quedé trabado en el segundo trimestre, esperando mi turno para que fuera comentado el trabajo realizado hasta aquel momento. Todo ese tiempo ha sido invadido por las dudas, una rebeldía interior, que a punto estuve de abandonar la clase.

Esperé hasta el último día y ¡oh milagro! Aquel día fue leído mi texto que evidentemente tuvo correcciones, pero con comentario aprobando el camino que había elegido en mi forma de narrar y que se me instaba a seguir en ello en el siguiente curso. Pero lo cierto era que ya no me interesaba el texto. Incluso hubo algún momento en que dudé de seguir escribiendo. He necesitado de todo el verano, para imponerme con gran esfuerzo, la obligación de escribir, por descontado sin retomar mi novela. Esa la aparqué. Me dediqué a escribir cuentos cortos, para volver a coger el ritmo y el placer de escribir. Creo que he conseguido de nuevo sentir esa necesidad de escribir.

Pero ahora empiezan de nuevo los cursos y yo he decidido no asistir a ninguno de ellos. No quiero que el ritmo de una clase frene otra vez mi proyecto. Y me ha costado decidirme, porque había una propuesta muy interesante con Borja Bagunyà, recomendado por todas mis amigas, a la cual se unió la de mi mujer, que al ver su foto en El País por una crítica sobre su libro “Plantes d’interior”, lo reconoció como el profesor que tuvo el curso pasado en la Universisdad, en la asignatura de Historia i Literatura. También insistió en que era bueno. Este fin de semana he estado a punto de ceder. Pero este curso no. Este curso ampliaré mis horas de lectura, asistiré conferencias, pero sobre todo escribiré mi novela. Sé que va a ser duro, pero quiero evitar la tentación de querer volver a sentirme rodeado de compañeros en una clase. Trataré de olvidar aquel dicho que dice: “No hay mayor placer que caer en la tentación”, y que eso es tan solo, una divagación literaria más.

Rafael Rodríguez-Bella septiembre 2011

1 comentari:

Maria Dolors ha dit...

De tant en quant cal aturar-se per agafar embranzida. Un impuls que no necessites per continuar escrivint com mai has deixat de fer. Estic segura que el que vindrà després valdrà la pena. Ja friso per llegir el que escriuràs.