dilluns, 12 de setembre de 2011



ORÍGENES CULTURALES DEL COMIC

Diversas personalidades del mundo de la semiótica, interesadas por el comic, han tratado de hallarle un origen cultural elevado, con el fin de demostrar que estamos ante otra forma de arte. El llamado 9º Arte. Claude Moliterni, Román Gubern, Umberto Eco, Javier Coma, Luís Gasca, Claudio Carabba, Pierre Couperie y tantos otros, han tratado pues, de buscar similitudes en las otras artes, similitudes correspondientes al afán de comunicar, de contar una historia de forma seriada que, como una tira cómica tenga un principio y un fin, y a poder ser que también incorpore texto explicativo. Y ciertamente se ha dado con ejemplos plausibles.

La repetición de una imagen se puede comparar con las pinturas rupestres halladas en infinidad de cuevas. Estampaciones de manos sobre la roca. Escenas de caza que nos cuentan cómo se organizaban, con que tipo de armas contaban. En definitiva narrando una historia, la suya, pero sin texto solo grafismo. Aquí también podríamos decir que fueron los primeros graffiti.

Historias de batallas, juegos, amoríos, sexo, se hallan reflejadas en la cerámica griega. Si pensamos no solo en el grafismo, sino también en la técnica de la reproducción, hoy en rotativas programadas digitalmente, pensemos que el modelo quizá más antiguo, para reproducir una imagen tantas veces como se desee, eran los sellos mesopotámicos de hace 5.000 años. También allí, se encontró el Estandarte de Ur que consta de dos placas rectangulares divididas en tres filas horizontales cada una. Explican la guerra, con el rey Sumer y su séquito. Otra muestra los arqueros tras el enemigo que terminan venciendo. La siguiente muestra la paz (música, banquetes, bailes…).

Con el avance tecnológico también se seguirá contando historias en los monumentos y paredes de palacios, como es el caso de los egipcios o el Partenón de Atenas. Pero quizá el más similar a una tira de comic, sea la célebre Columna de Trajano, en Roma. Cuenta una historia desde lo alto hasta la base, envolviéndola en una sola tira de unos 200m de longitud.

Hay más ejemplos. Como es el caso de los Vía-Crucis que hallamos en las iglesias hoy en día. Catorce escenas que cuentan la vida, milagros y muerte de Jesús, son las llamadas “estaciones”, como si fuesen una serie de viñetas de cualquier comic, en este caso religioso. En épocas medievales tenemos el tapiz de Bayeux, donde se relata la batalla de Hastings con imágenes y texto, o los libros ilustrados de la Edad Media, naciendo los códices. Y ¿por qué no hablar de las aucas? También Picasso hizo algún tipo de incursión en este campo, como pueden ser los apuntes realizados con motivo de su viaje a París acompañado de su amigo Sebastià Junyer. Cinco escenas como cinco viñetas. También tiene aguafuertes, los realizados en 1937. Dos planchas tituladas: “Sueño y mentira de Franco” que pudimos ver recientemente en el Museu Picasso de Barceloa, en la exposición “Vinyetes al front”. Ejemplos los hay que duda cabe, pero lo que nos demuestran, es que no existe nada nuevo, que todo es una evolución en continuo movimiento.

1 comentari:

Maria Dolors Giral ha dit...

És la vida que es repeteix i repeteix. Els homes i les seves passions, per molt que progressin no canvien i d'una forma o altra intenten comunicar-se expressant-les.