dissabte, 3 de gener de 2015

PARÍS Y EL ARTE



ROBERT DELAUNAY
“Rythmes Sans Fin”

         Una, muy buena exposición, que muestra una desbordante modernidad: el arte mural, en los años 1930, en la Exposition Internationale de 1937 y la colaboración de Robert Delaunay en el “Palais des chemins de fer” y el “Palais de l’aire”.

            
            Los diseños del artista francés que revolucionaron la pintura de murales. La exposición comenzaba con la exhibición del magnífico autorretrato de Delaunay, pintado durante el invierno de 1905-1906. Un autor que transitó del impresionismo a la abstracción. Autor, que aunque parezca mentira, ha sido poco expuesto, incluso en Francia, su propio país, lo hace ahora en el George Pompidou de París. Y lo hace con una sorprendente obra, muy poco conocida: la de los murales diseñados para el Palacio del Ferrocarril y el Palacio del Aire, pudiéndose ver los bocetos, maquetas, fotos, pinturas originales y los carteles que se hicieron para la celebración de aquel momento, así como diversos documentos: planos de los arquitectos, papeles oficiales, nóminas, mapas, órdenes del Gobierno y del Ayuntamiento de París.


         La demostración y el reencuentro de una obra, de  gran sensibilidad moderna, en aquellos años 30. Pero había más, mucho más que la agitación o explosión cromática. En aquellas salas, se mostraba y demostraba la energía creativa de un genio renovador del arte. Y el espectador quedaba absorbido, por las formas circulares de su pintura, inspiradas en teorías astrales y el movimiento de las hélices.
           Siempre me gustaron las pinturas de Robert Delaunay, como también, las de su mujer Sonia (aun recuerdo la estupenda exposición que de ellos, se hizo en La Pedrera), pero desconocía su ingente obra realizada en estos dos pabellones de 1930.


         Y no solo la hemos conocido ahora, sino que hemos podido valorar su gran importancia y el esfuerzo titánico llevado a cabo, gracias a filmaciones y fotografías que se exhibían, donde se le podía ver al artista, trabajando al pie de la obra, bocetando y pintando, encaramado en escaleras y tablones, junto a decenas de trabajadores que seguían sus instrucciones. Y a la vista de aquel impresionante trabajo, uno no podía por menos, que preguntarse, cómo era posible que todo aquel esfuerzo y creatividad, fuese para una obra efímera. ¡Qué desaparecería, una vez concluida la Exposición Internacional! Y quedarían solitarias la Tour Eiffel, el Champ de Mars y las fuentes que ascienden al Trocadero. Lo que daríamos hoy por poderlos visitar. Aunque, parte de ello esté exponiéndose ahora en el Pompidou.


 Delaunay trabajando en la maqueta del Palacio del Ferrocarril

         Os dejo algunas fotos más, de las que hice, para deleite de los amantes de los Delaunay, que sé que son muchos más de los que muchos piensan.