divendres, 27 de novembre de 2015

PARIS




SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARÍS


            He tenido que dejar pasar unos cuantos días, para poder escribir sobre París. Mi pequeño homenaje a la capital del arte, a la ville lumière o a cuantos adjetivos queráis ponerle. Al París que siempre he regresado año tras año o como máximo cada dos años, desde que la pisé por primera vez en 1966 y ya no he podido dejar de acudir a su cita o lo que era lo mismo a la cita con el arte, la cultura, el cine. Es darse siempre un baño que regenera todos los sentidos, toda mi energía, sobre todo en los primeros años que uno salía del gris y tenebroso país que era el nuestro y que nos tocó vivir. París era y sigue siendo: vivir. Porque en aquella época, en la que el cine no llegaba a nuestras pantallas y si lo hacía era mutilado por la censura, París resultaba el refugio soñado, en el barrio latino o en la Cinemateque.
El cine siempre ha tratado muy bien a la capital francesa, ya sea con films que llevan incorporado el nombre de París en sus títulos, como “París bajos fondos”, “Abril en París”, “Arde París”, “Un americano en París”, “Paris vu par…”, “Inocentes en París”, “La última vez que vi Paris”, “Notre Dame de París”, “París, siempre París”, “Bajo los techos de París”, “Una parisina”…o bien sus historias rodadas en cualquiera de sus barrios, por Francois Truffaut, Jean Renoir, Julien Duvivier, Louis Malle, Jacques Beker… con títulos como “Amelie”, “Los 400 golpes”, “Un ascensor para el cadalso”, “Hotel du Nord”, “Le jour se leve”, “Una cara con ángel” o “Oro en barras”, por solo citar unas pocas. Y escuchar una y otra vez las canciones Le romance de Paris por Charles Trenet, Paris por Edith Piaf, Paris Violon por Natalie Dessay, Paris Canaille por Leo Ferré, Ca c’est Paris por Minstinguett, A Paris por Yves Montand. Qué más se puede pedir.
Ese París al que regresaré ese próximo marzo, para asistir al estreno de “Passion” (con las entradas ya en mi poder), el musical de Stephen Sondheim que dirigirá Fanny Ardant en el teatro Chatelet. Porque hice mía la célebre frase de “Casablanca”: siempre nos quedará París, porque París no podrá ser, nunca, destruida por cuatro o cuatrocientos desalmados, fanáticos y criminales.

1 comentari:

Maria Dolors Giral ha dit...

Era estrany, trobava a faltar el teu comentari, el teu record, el teu dolor que comparteixo en els tres aspectes. Són tantes les coses que fereixen les nostres consciències i que ens envileixen i envelleixen, que un clam com el teu d'avui, d'esperança, m'anima. Gràcies Rafel